EL PRECIO DE LA EFICIENCIA: POR QUÉ EL LUCRO NO ES UN PECADO

Durante años trabajé en el sector de inversiones y adquisiciones, y hoy, desde la consultora Idonms, ayudamos a empresas—especialmente pymes y startups—a crecer y a optimizar su rendimiento. Esta experiencia me ha permitido observar algo que sorprende a muchos emprendedores: incluso quienes buscan inversores o planean vender sus empresas no siempre comprenden algunos conceptos fundamentales de la economía de mercado. Voy a explicarlos de manera clara, porque dominarlos puede marcar la diferencia entre el éxito y la mediocridad empresarial.
En el capitalismo y el libre mercado, la ineficiencia es un lujo que no se permite. Las pérdidas y la quiebra actúan como mecanismos correctivos naturales: eliminan a las empresas que no operan eficientemente y liberan recursos para quienes sí lo hacen. En este contexto, el lucro no es un pecado ni un exceso, sino el precio que se paga por la eficiencia. Dicho de otra manera, el lucro refleja la capacidad de una empresa para generar valor más allá de sus costos; lo que el propietario realmente obtiene es la titularidad jurídica de lo que sobra, del excedente generado por su eficiencia.
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