La transformación digital no debería empezar por la tecnología. Debería empezar por una pregunta mucho más importante.

La transformación digital no debería empezar por la tecnología. Debería empezar por una pregunta mucho más importante.

¿Tenemos realmente el control de nuestra empresa en el entorno digital?

Cuando un empresario se plantea digitalizar su negocio, normalmente piensa:

— ¿Me va a ahorrar tiempo?
— ¿Me va a conseguir clientes?
— ¿Me permitirá trabajar con menos recursos?
— ¿Cuánto me va a costar?
— ¿Qué tecnología necesito?
— ¿Podré implementarlo sin complicar el negocio?

Son preguntas legítimas. Pero, después de años trabajando con empresas en distintos mercados, hay dos cuestiones básicas que con demasiada frecuencia se pasan por alto:

1. Autonomía estratégica.
2. Control sobre el dominio y los activos digitales que representan a la marca.

En nuestros diagnósticos encontramos con demasiada frecuencia empresas que han invertido miles de euros en su web, publicidad, redes sociales, diseño, maquinaria o instalaciones y, sin embargo, no tienen un control directo sobre elementos esenciales de su propia identidad digital.

Por ejemplo, desconocen quién controla realmente el hosting, el dominio, determinados accesos o incluso algunos activos digitales críticos para la continuidad de su negocio.

Y existe un riesgo todavía mayor:

¿Qué ocurre cuando un tercero utiliza un dominio, una marca o una identidad digital para hacerse pasar por la empresa, generar confusión, perjudicar su reputación o realizar competencia desleal?

Una empresa puede tener una excelente página web y una potente estrategia de marketing y, al mismo tiempo, carecer de algo mucho más básico:

la capacidad de demostrar y proteger ante su mercado quién es el verdadero propietario y operador de su identidad digital.

Esto debería ser una prioridad, especialmente para las pymes.

Es sorprendente comprobar cómo algunas empresas dedican importantes recursos a proteger sus instalaciones físicas, su maquinaria, sus oficinas o su publicidad, mientras dejan relativamente desprotegido uno de sus activos más importantes:

su control digital.

La transformación digital no consiste únicamente en incorporar IA, automatización o nuevas herramientas.

También consiste en mantener el control sobre los activos digitales que sostienen el negocio, reducir dependencias y proteger la identidad de la empresa frente a terceros.

Antes de preguntarnos qué tecnología debemos incorporar, deberíamos asegurarnos de algo mucho más elemental:

que seguimos teniendo el control de aquello que nos identifica digitalmente.

Porque una transformación digital sin autonomía estratégica puede convertirse, paradójicamente, en una nueva dependencia.

Hugh Hasting
Consultor Senior | IDONMS

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